UN MATE PRECIOSO

12/06/2022 por "The Chess Mom"

Corría el 6 de julio de 1996 cuando media España se hallaba frente al televisor para presenciar como el ciclista navarro Miguel Indurain se proclamaba vencedor por sexta vez consecutiva del Tour de Francia. Lamentablemente, aquella fatídica tarde fuimos testigos de cómo nuestro héroe nacional caía fulminantemente abatido por una de las pájaras deportivas más monumentales de las últimas décadas. 
Como millones de españoles, recuerdo haber vivido aquella jornada con la gran angustia de ver, minuto tras minuto, el sufrimiento y la impotencia de nuestro gran héroe. La agonía de un querer y no poder causada, entre otros factores, por algo tan mundano como el agotamiento de las reservas de glucógeno en el cuerpo durante el gran esfuerzo físico.
Por muy increíble que parezca, volví a revivir esa sensación de angustia y de impotencia durante un reciente campeonato de ajedrez infantil. Y es que, el esfuerzo y concentración durante las tres partidas de la primera jornada, que hicieron a nuestro favorito valedor de la primera posición del ranking, fue tan intenso que lo dejó fulminado. 
El Ajedrez Deportivo está considerado como una actividad cognitiva de alta demanda que requiere mantener la concentración durante largos periodos de tiempo con el objetivo de elegir el mejor movimiento de las piezas sobre el tablero (Nejati & Nejati, 2012).  Así, al igual que la actividad física de alta intensidad puede causar cambios a nivel bioquímico conducentes a la fatiga y el agotamiento muscular (Bangsbo, 1997), un elevado esfuerzo cognitivo puede dar lugar a la fatiga y agotamiento mental, uno de los principales factores que influyen en el rendimiento de los jugadores de ajedrez, con un gran impacto tanto en la toma de decisiones como en la memoria y el reconocimiento de patrones (Ghorbani, 2020) tan necesarios en la práctica ajedrecística.
Tal y como le ocurriera al gran Indurain durante la subida a la estación de Les Arcs, no hubo nada que hacer salvo acompañarlo lo mejor que pudimos. Cualquier otro en su situación, podría haber optado por hacer las maletas y salir de allí. Sin embargo, con poco más de 10 años, el pequeño ajedrecista nos dio a todos una lección sobre humildad, resiliencia y tesón. Una experiencia que no recomiendo a nadie, pero de la que sin duda hemos aprendido mucho.
No todo fueron malos ratos. Antes del varapalo, sabedor de que su fan más acérrima seguía sus partidas de cerca a través de las retransmisiones en directo, nuestro Aprendiz de Maestro me hizo el más bonito de los regalos: “Un mate precioso” dedicado en exclusiva y que espero que os guste:

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13 días después de su famosa pájara, Miguel Indurain consiguió el Oro Olímpico en la prueba de contrarreloj individual de los Juegos de Atlanta.